Siempre que tu nombre aparece en mi teléfono, me salta el corazón.

Porque tengo miedo. Miedo de decir algo incorrecto (¿que más daño se le puede hacer a una persona?), de que me digas que nos debemos “la charla”, de que me digas que conociste a alguien. Miedo de que creas que no estas en mis pensamientos día y noche. Tengo memes de cosas que quiero compartir con vos y no quiero ser pesada y me los guardo. Y luego pienso que es nuestra única forma de comunicarnos. Y pienso, y pienso y sigo pensando como siempre hice.

Y esta vez quiero dejar de pensar y empezar a comunicar, lo que siempre me pediste que hiciera. Así que… ahi voy:

Hace poco me dijiste: “nunca te voy a entender”. Y otra que resuena en mi cabeza y seguro que también en la tuya: ¿por qué? Y la peor de todas: ¿cómo pude?

Estos meses de terapia me ayudaron a ver un montón de heridas viejas que tenía escondidas  y que me llevaron a buscar atención y validación externa (y vos siempre me decías que deje de hacerlo, que yo era suficiente). Pero tenía que ver con mi incapacidad para manejar el estrés, con una imagen extremadamente negativa de mí misma, mis tendencias autodestructivas (la comida es un gran ejemplo), y no poder expresar lo que sentía.

Me mentí a mí misma pensando que en el fondo, realmente no me amabas (¿porque, quien me podría amar?) y que no te importaría si te engañaba, porque yo en verdad no valía nada.
Me enredé en mis propias excusas y mentiras, autoconvenciéndome para justificar mis acciones. Dios, soy un cliché andante. Es patético. Y sé que suena estúpido, lo sé.

Quizá escuchaste decir que “las personas heridas, hieren” (bueno, en inglés tiene más sentido: hurt people hurt people). Y eso hice yo. Proyecté todo mi dolor en vos, que solo querías estar conmigo y me adorabas.

Independientemente de los motivos, puse mis propias necesidades y sentimientos por encima de la única persona a la que juré nunca lastimar. Todavía estoy trabajando todo esto en terapia, en descubrir los por qué, pero es hasta donde llegué.

¿Cómo pude hacerlo? Esa es otra historia. Fui una egoísta (como siempre me dijiste que lo era y solo en estos ultimos meses entendi lo que querías decir), elegí mi manera enferma de encarar la vida y mi necesidad de que me validen, por encima de tu seguridad y bienestar, de las promesas que nos hicimos y del amor que construimos todos estos años. Me puse a mí y a mis necesidades primero que a vos, a tu felicidad. Eso es algo que nunca volvería a hacer.

No puedo ni imaginar lo que seguís sintiendo, lo que te hice pasar. Te engañé. Te mentí. Te maltraté y te manipulé. Y lo hice porque era mas facil escudarme tras el “protegerte” que admitir que estaba tomando una mala decisión tras otra.

Te hice creer que tenías un matrimonio de cuento (que lo era, en mil aspectos, lo era), mientras por dentro me pudría en mis fantasías. Te hice pensar que tenías una compañera fiel, mientras me escapaba con otros. Entregué mi cuerpo, mi compañía, mi tiempo y atención, todo lo que te pertenece a vos. Nunca hice algo tan inhumano, asqueroso y traicionero como esto. Nunca pensé que sería una persona capaz de destruir a otra. Siempre va a ser la mayor vergüenza y arrepentimiento de mi vida. Me doy asco.


Sé que peleás con preguntas e imágenes en tu cabeza. Me da miedo preguntarte qué papel juego en tus pesadillas. No hay manera de que la mujer de tus sueños pueda herirte de la manera en que lo hice. 

Veo, también, cuánto te esforzas cuando hablamos, cómo te reís cuando nos mandamos memes, luchando para superar los obstáculos que dejé en tu corazón. Por esas cosas siempre dije que quería ser como vos, tener esa capacidad de superar todo, sin importar el dolor.

Vos no hiciste nada, no sos ni nunca fuiste responsable de mis acciones, no importa lo que yo haya dicho cuando apenas nos separamos. Sé que estás aterrado de que pueda volver a pasar, y que no podrias volver a sufrir este dolor. Así que necesito que sepas, de verdad, que nunca voy a permitir que vuelvas a sentir ese dolor de nuevo. Lo que te hice pasar va a ser siempre el mayor arrepentimiento de mi vida.

Ojalá me hubiera dado cuenta de que necesitaba ayuda a lo largo de estos 20 años y que mis problemas no terminaran en un trauma de por vida para la persona que más me importa y que ahora perdí.

Mi mayor miedo se hizo realidad, la cachetada que necesitaba para darme cuenta de que estaba mentalmente enferma y que había destruido al amor de mi vida, a quien juré proteger por una fantasía sin valor que nunca me importó.

Sea que podamos reconstruir nuestra relación o no, voy a trabajar el resto de mi vida para asegurarme de no volver a hacer lo que te hice a vos ni a nadie más. Nadie se lo merece.

Vos creías en nosotros. Pensabas que nuestra historia era mágica, de cuento, de dos personas que se conocen de chiquitos y están destinados a estar juntos. De la maderita y el carpintero.

Yo todavía creo que lo es. Todavía creo que sos el hombre con el que estoy destinada a estar. Todavía creo en nosotros de viejitos con nuestros nietos y nuestros 3 perros. Que vamos a envejecer juntos en una granja en una montaña junto a un lago y te voy a hacer la chocolatada para que miremos una peli juntos en la cama, mirando el lago. O la playa, sé que vos amas la playa. Que me voy a morir antes que vos, porque yo no soportaría verte morir.

Este fue el peor año de mi vida, y no niego el pozo profundo que cavé para nosotros, y lo difícil que va a ser salir de él. Va a ser mucho trabajo. Pero estoy dispuesta a lo que sea por reconstruirnos y sanar tu corazón. No quiero que nuestra historia sea la de una persona que falló a su compañero y le arruinó la vida. No quiero que termine ahí.

Sé que mis palabras hoy no tienen valor, pero siempre te amé. Nunca dudes de eso. Pero también robé tu inocencia y maté esa vida hermosa que nos costó tanto construir. Ya no seré más tu saurio. Y no sé si alguna vez seré suficiente, pero quiero que sepas que vos siempre lo fuiste, más de lo que merecía. 


Quiero trabajar para recuperar tu confianza, para que veas y sientas que te respeto profundamente y que mi lealtad a vos es inquebrantable. Quiero demostrarte con acciones que las cosas pueden ser diferentes, que soy otra persona, la persona que siempre debí ser para vos. Quiero construir nuevos momentos de alegría, que fueron muchísimos, como me dijiste hace un tiempo.

Todo este año fue como vivir una vida prestada. Una vida que es no es real a menos que vos estés ahi, para compartirla conmigo.

Siempre me sorprende lo increíblemente amable, considerado y magnético que sos. Realmente creo que sos la persona más extraordinaria que conozco. Todo con vos es cien veces mejor. Era tan afortunada de tenerte y no lo sabía.

Perdón por mi inmadurez y por no saber comunicarme. Perdón por lo que te hice pasar.

Lo que vos y yo construimos todos estos años, guau… espero que todos tengan la oportunidad de experimentar un amor así de puro.